Decía David Hume que la ley de la causalidad es un invento humano, un modo de adquirir certezas que puede resultar muy útil. Sin embargo dicha ley no se da realmente en los fenómenos naturales, nosotros la suponemos gracias a la costumbre, pero también podría ocurrir que el sol no saliera mañana. En los acontecimientos que implican a personas esto resulta mucho más evidente, pensar que siempre sucederá lo mismo en ciertas relaciones es un gravísimo error. Pensar que siempre ganarán Nadal o Federer también lo es. Al público le resulta muy fácil hacer un pronóstico y adivinar quien ganará Roland Garros, Wimbeldon o cualquier otro torneo; piensan que siempre lo hará uno de los dos, prácticamente hasta su retirada. Los más osados apuestan por Djocovic o Murray, pronosticando que serán capaces de derrotar en semifinales a Nadal o a Federer. Sin embargo, quienes hemos dedicado gran parte de nuestras vidas al tenis solemos ser más comedidos a la hora de afirmar que ganará Federer o Nadal, porque sabemos lo difícil que es ganar un partido, más aún cuando se juega con jugadores de tanta calidad como quienes ocupan las primeras posiciones del ranking ATP. Por ello nos sorpremos cuando uno de estos extraordinarios jugadores consiguen batir algunos de los records históricos. Nos sorprende su constancia casi tanto como a los filósofos más escépticos les sorprendía que siguiera saliendo el sol cada día. Desde luego que hacer pronósticos tan a la ligera no es propio de alguien que sepa algo de este deporte. Un periodista podría criticar esta postura argumentando que hay que mojarse, que hay que ser valiente y arriesgarse a errar. Pero, siguiendo con la filosofía, Aristóteles le contestaría diciendo que eso no es valentía en absoluto, que la valentía se encuentra en el justo medio entre la temeridad y la cobardía. La cobardía se la podemos atribuir a comentaristas que pasan el tiempo diciendo obvidades, la temeridad a los asiduos del Bet and Win, mientras que la valentía a quienes hacen comentarios ajustados, manejan datos objetivos y conocen las dificultades asociadas a ganar partidos. El tenis es un deporte complejo en el que no hay leyes inmutables, como decía Hume, creer en ellas es propio de ignorantes.
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