Manuel García Ferrando señala que esta aparente simplicidad surge del hecho de que el lenguaje y el simbolismo deportivos, basados en el cuerpo humano en movimiento a la búsqueda de resultados destacables, son asequibles a todas las personas con independencia de su nivel social y cultural, lo que justifica su universalidad. Pero, al mismo tiempo, el deporte, como una institución propia de las sociedades industriales, tiende a complejizarse y, progresivamente, va adquiriendo las connotaciones de toda sociedad burocratizada, racional, formalizada, jerárquica, técnicamente eficiente y fuertemente comercializada.
Según el diccionario de la Real Academia Española, deporte es recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre, practicado individualmente, o por grupos, con el fin de superar marcas o adversarios, siempre con sujeción a ciertas reglas.
Ahora bien, como señala García Ferrando, esta definición es totalmente insuficiente para denotar la variedad de comportamientos e instituciones sociales que abarca en la actualidad el término deporte, y es que este término es extraordinariamente polisémico, al referirse a realidades sociales, variadas y complejas.
Algunos rasgos del deporte, aportados por varios autores y recogidos por García Ferrando, son: el esfuerzo del hombre por conseguir resultados destacables y por perfeccionarse a sí mismo (Lenk, 1974); la capacidad del hombre para competir y la necesidad del logro que le lleva a plantearse constantemente nuevas metas (Riezu, 1972; Landers, 1977); la capacidad utilitaria del deporte de enseñar a quien lo practica a superar obstáculos en la vida, a forjar su carácter y fortalecer su personalidad (Wiss, 1969).
Luis Daniel González se hace eco de la definición de deporte que da el interesante y estrafalario protagonista de la película de El club de los poetas muertos, John Keating, quien afirma que el deporte es, en realidad, una oportunidad que tenemos de que otro ser humano nos empuje a superarnos; para González, el deporte es una respuesta física natural en una competición donde hay que poner en juego facultades naturales, pero lo más importante, es que el deporte es superación personal.
José María Cagigal nos aproxima al concepto de deporte definiéndolo, ante todo, como un talante de la sociedad, un humor o gana o fruición. Tiene algunos de los ingredientes generales de la fiesta. Existe un ancestralismo primitivo, enajenación, mesencefalización, búsqueda de éxtasis que subyace en toda actitud de fiesta. Pero se realiza con rito, esquema, orden, organización, cultura. El deporte es en el fondo, pura y simplemente, una fiesta social.
Es igualmente un talante personal, un humor o gana o fruición personal. Una actitud fundamentalmente festiva. No entendida la fiesta como contraria al trabajo; ni tampoco entendida como pura vacación u ociosidad, pasividad, far niente, sino en el sentido más bien dionisíaco: de arrebato, exaltación o éxtasis; una búsqueda de sentirse pleno, eufórico, vitalmente realizado. El barón de Coubertin hablaba de esa sana embriaguez de la sangre, a la que se ha llamado alegría de vivir, que no existe en parte alguna tan intensa y exquisitamente como en el ejercicio corporal. Sin embargo, Cagigal reconoce que, todavía nadie ha podido definir con general aceptación en qué consiste el deporte: ni como realidad antropocultural, ni como realidad social. Y cada vez va a ser más difícil definirlo. Es un término que, aparte de cambiar, ha ampliado y sigue ampliando su significado, tanto al referirse a actitud y actividad humana como, sobre todo, al englobar una realidad social, o conjunto de realidades o instituciones sociales. De ahí que sea necesario el establecer los elementos o rasgos esenciales que constitutivos del deporte.
Elementos del deporte: Según Parlebás, el deporte, concepto que define como conjunto finito y enumerable de las situaciones motrices, codificadas bajo la forma de competición e institucionalizadas, tiene tres rasgos definitorios retenidos:
Situación motriz: se trata de un carácter específico de todo grupo deportivo, sea cual sea. Este rasgo sólo es distintivo en relación a los juegos no deportivos.
Competición: el deporte está regido por una codificación competitiva. No hay que entender por esto un vago enfrentamiento que suscita comportamientos de emulación, sino un sistema de reglas organizado, que impone un marco formal a la prueba considerada. Por competición motriz entendemos una situación objetiva de enfrentamiento motor, sometida imperativamente a reglas que definen sus límites, su funcionamiento y, muy especialmente, los criterios de victoria o fracaso. Este rasgo opone los juegos a los cuasi-juegos.
Institucionalización: el deporte está oficializado. Un poderoso aparato lo entroniza y lo perpetúa. Este rasgo es capital, ya que diferencia el deporte de todos los otros juegos deportivos. Concebido en el crisol de las instancias institucionales dirigentes, el deporte sufre fuertemente la influencia de éstas. Influencias culturales en sentido amplio, ciertamente, pero también en un sentido preciso de influencias económicas, ligadas a las importantes ambiciones del mercado deportivo, y de influencias políticas, asociadas a la afirmación de una identidad, de una gloria o de una ideología nacionales.
La conjunción de estos tres criterios, concluye Parlebás, es necesaria y suficiente para distinguir al deporte de todas las otras prácticas lúdicas o ceremoniales: juegos deportivos tradicionales (no institucionalizados), ritos físicos (no competitivos), juegos de sociedad (no motores).
Por su parte, García Ferrando establece tres elementos esenciales de todo deporte:
1. Es una actividad física e intelectual humana
2. De naturaleza competitiva
3. Gobernada por reglas institucionalizadas
Tales características hay que entender que se encuentran presentes de forma variable en las diferentes formas deportivas.
En unas modalidades deportivas el esfuerzo físico será mayor que en otras, así como las cualidades intelectuales requeridas; el carácter competitivo está presente en todas las modalidades deportivas, aunque también es más evidente e importante en unas que en otras (deportistas de elite y deportistas modestos); y, por lo que respecta a las reglas, tan esenciales al deporte como al propio movimiento humano que regulan, están presentes siempre en la competición deportiva, aunque la forma en que se vela por su fiel cumplimiento variará de unas formas de deporte a otras (en el deporte formal, son los jueces deportivos legitimados por las Federaciones que los nombran, los que tienen encomendada esta tarea, mientras que en el deporte informal el practicado fuera del control federativo- son los propios participantes los que tratan de cumplir y hacer cumplir las reglas, lo que se hará, probablemente, de una forma más flexible que en el caso anterior).
Estos tres elementos permiten deslindar con facilidad cuándo una misma actividad es deportiva y cuándo no lo es, así como relacionar la naturaleza de los juegos y del ejercicio físico con los diferentes tipos de deporte. En este sentido, y estableciendo que el juego y el ejercicio físico son elementos integrantes del deporte, definimos con Guttman los deportes como una forma de juegos competitivos.
Pero, fundamentalmente, el deporte no es sino una forma de actividad física, y la forma más extendida de entender la actividad física recoge únicamente su dimensión biológica, definiéndola como cualquier movimiento corporal realizado con los músculos esqueléticos que lleva asociado un gasto de energía. Está claro que, si bien toda actividad deportiva supone una actividad física, no todas las actividades físicas son actividades deportivas; un primer requisito que debe reunir la actividad física, para que podamos hablar de deporte, es que esté orientada a la salud del individuo.
La salud es una noción multidimensional porque hace referencia tanto a aspectos físicos, como mentales y sociales. No es algo estático, que se consigue una vez y ya se tiene para siempre, sino que la salud es dinámica, porque discurre y se combina constantemente entre la enfermedad y el bienestar. También es una noción compleja porque las personas podemos experimentar altos niveles de bienestar junto con altos iveles de enfermedad o discapacidad entre muchas otras posibilidades.
Pero además, depende de las condiciones históricas, sociales, culturales y medioambientales en que viven las personas, por lo tanto, todas las definiciones que se ofrezcan de salud serán siempre provisionales y nunca definitivas. Aun así, teniendo en cuenta las consideraciones parciales anteriores, podemos dar una definición de salud que nos ayude a relacionarla con el tema que nos ocupa: salud es el logro de un elevado nivel de bienestar físico, mental, social y de capacidad de funcionamiento, así como la evitación en lo posible de la enfermedad; tanto como lo permitan los cambiantes y modificables factores políticos, sociales, económicos y medioambientales en los que vive inmersa la persona y la colectividad.
Actualmente, podemos identificar tres grandes perspectivas en relación con el concepto de salud:
- La perspectiva rehabilitadora, que considera a la actividad física como si de un medicamento se tratara, es decir, un instrumento mediante el cual puede recuperarse la función corporal enferma o lesionada y paliar sus efectos negativos sobre el organismo humano (como los ejercicios físicos que manda el médico después de una operación quirúrjica o de una lesión).
La perspectiva preventiva, que utiliza la actividad física para reducir el riesgo de que aparezcan determinadas enfermedades o se produzcan lesiones. Por tanto, esta perspectiva se ocupa del cuidado de la postura corporal y la seguridad en la realización de los ejercicios físicos, así como de la disminución de la vulnerabilidad personal frente a enfermedades modernas como la osteoporosis, la depresión, el exceso de colesterol, la hipertensión o las enfermedades cardiovasculares, a través de la actividad física. Esta perspectiva y la anterior se encuentran estrechamente vinculadas a la enfermedad y la lesión; pero si queremos ver aumentadas las relaciones de la actividad física con la salud, más allá de la enfermedad, debemos incorporar una tercera perspectiva.
La perspectiva orientada al bienestar. Esta perspectiva considera que la actividad física contribuye al desarrollo personal y social, independientemente de su utilidad para la rehabilitación o prevención de las enfermedades o lesiones. Es decir, se trata de ver, en la actividad física, un elemento que puede contribuir a mejorar la existencia humana más allá de la supervivencia, de manera que nos permita hablar de calidad de vida. Nos referimos a la práctica de la actividad física porque sí, porque nos divierte y nos llena de satisfacción, porque nos sentimos bien, porque nos ayuda a conocernos mejor, porque hacemos algo por nosotros mismos, porque nos permite saborear una sensación especial o porque nos sentimos unidos a los demás y a la naturaleza.
Aunque estas tres perspectivas no son excluyentes, sino que se encuentran, en cierta forma, interrelacionadas, aquella actividad física orientada al bienestar es la que se considera como deporte. Hacemos hincapié en este aspecto para resaltar la necesidad de que toda actividad deportiva, además de cumplir con los requisitos establecidos por los autores anteriores (Parlebás y García Ferrando), debe ir orientada al bienestar, en el sentido integral del término; no sólo un bienestar físico, sino un bienestar que ponga a las personas en relación con otros grupos sociales, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente que los rodea; y, al mismo tiempo, que desarrollen la autonomía y las habilidades necesarias para vivir en las mejores condiciones posibles.
En este sentido, la actividad física y el bienestar son para todas las personas, sea cual sea su capacidad física y funcional y su estado de salud.
Pero, para ello, la actividad física debe adaptarse a las personas y no al contrario. La actividad física no es únicamente para campeones o deportistas consumados, sino para todos; de hecho, una perspectiva de salud o de bienestar está en consonancia con una actividad que va de moderada a vigorosa, de tal manera que en los niveles moderados de actividad se encuentran los mayores beneficios para la salud, mientras que éstos disminuyen con los altos niveles de actividad física. Además, estos beneficios residen en el carácter habitual y frecuente de la práctica, es decir, cuando la actividad física se convierte en parte de la vida cotidiana
de las personas.
En este punto, nos encontramos con uno de los aspectos más controvertidos de la práctica deportiva: el deporte profesional o de elite; cuando ya el deporte deja de ser una actividad de ocio y se convierte en una ocupación, y donde el cuerpo humano es llevado al límite de su resistencia sino más allá de la misma-, el objetivo de la búsqueda del bienestar desaparece casi por completo, en aras al logro de unos rendimientos deportivos, económicos. Obviamente esta actividad es deporte, pero no el deporte más conveniente ni saludable. Así nos topamos con dos grandes corrientes o dinamismos en cuyo encuadramiento, según Cagigal, la vivencia deportiva sigue unos derroteros, o sigue otros netamente tintos: - Por un lado, el deporte-espectáculo, que puede ser, o no, profesional, que puede tener más o menos alto nivel, que puede ser objeto de manipulaciones políticas o puede subsistir al margen de ellas, que puede buscar directamente el exhibicionismo u obtenerlo como mera consecuencia, etc. Por esta vía el deporte puede convertirse y se está convirtiendo- en un consumismo más, distinguido de otros por su especie, pero sometido a las mismas leyes absorbentes del consumismo general. El gran deporte-espectáculo de nuestro tiempo, tiende a cosificarse como gigantesco producto de consumición de la sociedad de masas. - Por otro lado está el deporte-práctica, en su inmensa variedad: deporte como higiene, educación, diversión, ocio, esfuerzo, expresión, disfrute del aire libre,...es decir, todo el deporte organizado para el ocio y para la educación; como el espontáneo, de cualquier movimiento popular (deporte para todos o deporte en privacidad). Este deporte es cada vez más- otra realidad distinta del deporte espectáculo.
No es que uno de ellos siga siendo el deporte propiamente dicho, y el otro (el espectáculo) algo ajeno. Son dos deportes distintos, claramente diferenciados debido a la variedad de demandas sociales que los desarrollan. Pero ambos, deporte.
Ignacio Blanco Valdehita.
Pedagogo y Product Manager
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