LA
MOVILIDAD ARTICULAR Y SU ENTRENAMIENTO (I)
por Jose Antonio Aparicio
En deporte, cuando se hace referencia a la capacidad
de movimiento de una o varias articulaciones, se utilizan
frecuentemente los términos “flexibilidad”, “elasticidad” o “movilidad”,
pero estos conceptos son un poco confusos y no diferencian
matices tan importantes en el ámbito del entrenamiento
deportivo.
Flexibilidad es la capacidad de un cuerpo para doblarse,
aproximando sus extremos sin llegar a romperse. En
deporte, se asocia a la amplitud de movimiento de una
articulación en una dirección determinada.
Una articulación o cadena de articulaciones
puede tener mayor o menor rango de movimiento en una
dirección u otra, según el tipo de articulación
de que se trate.
Elasticidad es la capacidad de un cuerpo de alongarse,
recuperando su forma inicial. En deporte, se relaciona
con la capacidad de elongación de los músculos,
tendones y partes blandas de una articulación.
Movilidad articular es la capacidad de movimiento
de una articulación en un sentido más
amplio (máximo rango de movimiento) y dinámico.
Si bien es cierto que la flexibilidad articular y la
elasticidad muscular van a repercutir en el grado de
movilidad articular, sería más propio,
dado el carácter dinámico y continuo
de los movimientos deportivos, hablar de movilidad
al referirnos a la mayor o menor amplitud de movimiento
de las articulaciones implicadas en los gestos deportivos.
Estos conceptos nos pueden dar una idea aproximada
de la medida en que debemos desarrollar la movilidad
en cada deporte. No se trata de mejorar la movilidad
articular indiscriminadamente, sino que, según
la modalidad deportiva, se necesitan unos grados determinados
para cada grupo de articulaciones, con los márgenes
de seguridad correspondientes. Tan perjudicial para
la práctica deportiva puede ser una falta como
un exceso de movilidad.
ENTRENAMIENTO DE LA MOVILIDAD
El entrenamiento de la movilidad debe orientarse hacia
estos aspectos: mejora de la elasticidad muscular mejora
de la flexibilidad articular y mejora de la movilidad
(dinámica) articular.
En una fase de iniciación deportiva, la orientación
debe ser general (todas las partes del cuerpo), pero
a medida que se produce la especialización deportiva,
el trabajo de movilidad debe orientarse a las articulaciones
y grupos musculares concretos que las técnicas
de ejecución requieren. Los efectos que el trabajo
de movilidad tiene sobre el organismo, son los siguientes:
Mejora de la capacidad mecánica del músculo.
Mejora en el rendimiento de las técnicas de
ejecución.
Mayor resistencia a las lesiones deportivas.
Menor consumo energético.
Disminución del estrés y la tensión
emocional.
La movilidad se puede desarrollar de forma estática
y dinámica. Los ejercicios estáticos
suelen dar mejor resultado que los dinámicos
en cuanto a la mejora de la elasticidad, pero, por
el contrario, puede reducir el dinamismo muscular,
que es una cualidad muy importante en el deporte. En
este sentido, lo mejor es realizar una combinación
de ambos tipos de entrenamiento. Se consideran ejercicios
estáticos aquellos en los que el recorrido articular
se realiza mediante elementos externos (ayuda de un
compañero, utilización de cargas, etcétera)
o internos, manteniéndose una postura determinada
mediante una actitud muscular pasiva.
En cuanto a los dinámicos, son aquellos cuyo
movimiento se realiza mediante una actitud muscular
activa. Para realizar los ejercicios de movilidad,
hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:
Hacer ejercicios de movilidad con más frecuencia
y en menor cantidad, pero sobre todo con más
regularidad.
Antes de comenzar el trabajo de movilidad, realizar
un calentamiento previo.
Los primeros ejercicios se deben realizar de forma
suave, con un mínimo de exigencia.
Se recomienda realizar 3-4 series de 10-20 repeticiones
cada una.
Interrumpir el trabajo de movilidad por varios días,
en caso de sentir algún dolor en los músculos
ejercitados.
Es conveniente combinar los ejercicios de movilidad
con los de pesas.
Evitar los ejercicios de movilidad intensos antes
de competiciones de velocidad o después de una
sesión dura de trabajo, en la que la musculatura
esté muy cansada. En estos casos, son recomendables
los ejercicios de movilidad suaves.
En cuanto a la frecuencia del entrenamiento de la
movilidad, depende del estado del jugador. Si lo que
pretendemos es aumentar el grado de movilidad de alguna
articulación en concreto, es más aconsejable
realizar sesiones más frecuentes de corta duración,
pero si el jugador posee un buen grado de movilidad,
entonces resulta suficiente trabajarla dos o tres veces
por semana. Entiéndase que estas sesiones son
independientes del tiempo que se dedica diariamente
a la movilidad (más suave y de corta duración)
durante el calentamiento.
Según mi propia experiencia, me parece muy
interesante combinar ejercicios estáticos de
movilidad, basados en las posturas de yoga y dirigidos
principalmente a las articulaciones de las piernas,
columna vertebral y hombros, con ejercicios dinámicos
de gran amplitud, especialmente dirigidos a los miembros
inferiores y superiores.
Con respecto a los ejercicios estáticos de
movilidad, proporcionan una agradable sensación
y laxitud muscular, que reduce la tensión emocional
propia de las competiciones, y facilita la recuperación.
Es recomendable realizar estos ejercicios después
de los entrenamientos, pero no inmediatamente antes
de jugar un partido.
Los ejercicios dinámicos proporcionan un mayor
tono muscular, además de una mayor predisposición
para la actividad. Es preferible realizarlos antes
de empezar el entrenamiento (se pueden incluir perfectamente
en la rutina de calentamiento) o antes de jugar un
partido. En este último caso, por supuesto,
de forma suave.
Esta información incluida por cortesía
de Jose Antonio Aparicio y Mariano Peinado (Mariano
Peinado Tennis University).
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