La caída de Djokovic: Dudas, rupturas y problemas

La carrera de Novak Djokovic iba, hace apenas un año, como un auténtico tiro. El tenista serbio ha sido uno de los grandes dominadores del tenis mundial desde el año 2007, cuando escaló hasta la tercera plaza del ránking ATP con uno de los restos más demoledores del circuito. A partir de entonces los Open de Australia en 2008, 2011, 2012, 2013, 2015 y 2016; Roland Garros en 2016; Wimbledon en 2011, 2014 y 2015; y el Abierto de Estados Unidos en 2011 y 2015. Una meteórica carrera que le ha supuesto ocupar el número uno mundial en tres etapas diferentes: 53 semanas entre 2011 y 2012, 48 semanas entre 2012 y 2013 y 122 semanas entre 2014 y 2016.

Nada hacía pensar que, a sus 30 años, la carrera de Djokovic pudiera sufrir el serio revés que está atravesando. El mejor nivel del tenista de Belgrado llegó entre 2014 y 2016, sumando seis Grand Slam y 14 Masters 1000, además de otros títulos de menor categoría. Imparable para sus rivales, el serbio era un auténtico ciclón sobre cualquier superficie. Pero lo que parecía perfecto comenzó a torcerse a finales de 2016.

El origen de todo, según apuntaron en su momento varios medios, está en la irrupción de la figura del español Pepe Imaz en el entorno del serbio. El equipo técnico de Djokovic había estado formado por Marjan Vajda (desde 2006 en sus inicios tenísticos), el fisioterapeuta Miljan Amanovic, el preparador físico Phil Gritsch y, desde 2013, la leyenda del deporte de la raqueta Boris Becker. Según palabras del propio entrenador alemán, tras la consecución de Roland Garros en 2016 “el globo se tronó y perdió el aliento”.

Desde varios medios, como hemos apuntado, se señaló a Pepe Imaz, consejero espiritual de Novak, como principal responsable. La tensa relación entre este y Becker estalló por sus métodos poco estrictos en lo deportivo (defensor de la filosofía del amor y la paz por encima de cualquier cosa). Los malos resultados cosechados en el final de 2016 (cayó en primera ronda de los Juegos Olímpicos y cedió en la final del US Open) hicieron que la decisión fuera drástica: Djokovic prescindió de los servicios de Boris Becker.

Pero en este 2017 la caída parece no tener fin. Comenzó de forma esperanzadora venciendo en el ATP 250 de Doha, pero nada más lejos de la realidad. El Open de Australia fue todo un jarro de agua fría para el serbio, cayendo en segunda ronda ante Denis Istomin (por aquel entonces número 117 del mundo). Para colmo de males aparecieron los problemas físicos, que le privaron de participar en Miami e hicieron que su actuación en Indian Wells fuera decepcionante.

A principios de mayo se produjo una de las noticias del año en el tenis mundial: Djokovic decidía romper con todo su cuerpo técnico, como parte de una “terapia de choque” como el propio tenista afirmó. Los que habían sido el núcleo duro de sus años de éxito debían abandonar el barco. Y para recuperar su nivel recurre a un auténtico experto en la materia, el mítico tenista Andre Agassi. El estadounidense no es famoso solo por su gran carrera, sino por haber descendido a los infiernos y haber vuelto siendo otra persona, recuperando un excelente nivel durante varias temporadas.

De su mano afrontó el serbio Roland Garros, siendo derrotado en cuartos de final por Dominic Thiem. A pesar de vencer en el ATP 250 de Eastbourne previo a Wimbledon, su concurso en Londres terminó de forma abrupta en cuartos por problemas en su codo derecho.

Problemas y muchas dudas envuelven al volcánico jugador serbio, que ha caído hasta la 4ª posición del ránking, algo que no ocurría desde 2009. En el horizonte ya aparecen los Masters 1000 de Canadá y Cincinnati, y en especial el último Grand Slam de la temporada, el US Open. Novak Djokovic es el tercer favorito a llevarse el torneo según las casas de apuestas, defendiendo la final alcanzada la pasada temporada. La incertidumbre crece en torno a la participación del balcánico, que no parece preparado física ni mentalmente para continuar en esta espiral de derrotas tan poco comunes para él.

Sea como fuere, y por el bien del tenis, la recuperación de Djokovic de la mano de una leyenda como Agassi debería llegar tarde o temprano. En las manos, y especialmente en la cabeza del tenista serbio, se encuentra la solución.

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